Buenos dias... hoy me he levantado con buen pie (sobre to teniendo en cuenta que es lunes), he dejao que me de el aire (que ya empieza a oler a primavera) en la cara, he reido en el coche mientras venía al trabajo oyendo los 40principales y al llegar he leido el mail que llevaba una semana esperando... El de las notas de mi examen de nutrición del curso... un 9,2 yuju!!!!!!!!

En fins... que estoy animailla.... pero tengo muchas cosas que hacer, así que tengo poco tiempo pa estar por aqui... así que he decidío rescatar una historia de mi baúl de los recuerdos que quiero que me acompañe en esta nueva casita...

UN TAZÓN DE CALDO

Esta es una historia verdadera ocurrida en Suiza en un restaurante de autoservicio: una señora de setenta y cinco años coge un tazón y le pide al camarero que se lo llene de caldo. A continuación se sienta en una de las muchas mesas del local. Pero, apenas sentada, se da cuenta de que se ha olvidado el pan.

Entonces se levanta, se dirige a coger un bollo para comerlo con el caldo y vuelve a su sitio. ¡Sorpresa! Delante del tazón de caldo se encuentra sin inmutarse un negro, que está comiendo tranquilamente. ¡Esto es el colmo -piensa la señora- pero no me dejará robar¡.

Dicho y hecho. Se sienta al lado del negro, parte el bollo en pedazos, los mete en el tazón que está delante del negro y coloca la cuchara en el recipiente.

El negro, complaciente, sonríe. Toman una cucharada cada uno hasta terminara la sopa. Todo ello en silencio. Terminada la sopa el negro se levanta, se acerca a la barra y vuelve con un abundante palado de espaghetti y... dos tenedores. Comen los dos del mismo plato, en silencio, turnándose. Al final se van.

¡Hasta la vista! saluda la mujer, ¡Hasta la vista¡ responde el hombre, reflejando una sonrisa en sus ojos. Parece satisfecho por haber realizado una buena acción. Se aleja. La mujer le sigue con su mirada.

Una vez vencido su estupor, busca con su mano el bolso que había colgado en el respaldo de la silla. Pero ¡sorpresa¡ el bolso ha desaparecido. Entonces... aquel negro... Iba a gritar ¡al ladrón!, cuando, ojeando a sus alrededores ve su bolso colgado de unas sillas dos mesas más atrás de donde estaba ella, y sobre la mesa una bandeja con un tazón de caldo ya frío.

Inmediatamente se da cuenta de lo sucedido. No ha sido el africano el que ha comido de su sopa. Ha sido ella quien, equivocándose de mesa, como gran señora ha comido a costa del africano

Espero que os guste... y sobre todo que nos haga pensar....

Volveré....